viernes, 16 de diciembre de 2016

Incendio


Aquí, hoy, es el baño de la habitación de la clínica en la cual está internada mi madre hace ya el tiempo suficiente como para que tenga necesidad de encerrarme y en el oscuro y en el casi silencio devorar tomates y duraznos con los que amenizo estos días secos de abrazos.
En esta nada en la que me escondo algunos minutos por día pienso, por ejemplo, que podría sembrar un bosque dentro del pequeño lavatorio y ponerlo boca arriba y que salgan las raíces por el techo y luego incendiarlo.
Pienso también que si quisieras podrías partir en dos la fuente de la Plaza Independencia con solo mirarla, o dejar el pavimento hecho una guerra si se te ocurriera pisar firme.
Entonces con mis manos pero particularmente con el callito de escribir podría agarrar los cascotes que quedaron dispersos por ahí después de la hecatombe y arrojarlos hacia el cielo para apagar el fuego y éstos, mi querido tan querido, son pensamientos.
Obtusos, oblicuos, organizados y no, orgullosos y ya desprendidos de la masa muscular y neuronal y ósea que los genera y del sodio y del potasio y de las partículas eléctricas, de la guerra del oxígeno y del incendio, y
fantasías no, porque las fantasías tienen esperanzas de volver, y los pensamientos se me expropian a medida que los escribo y desde el ya, son la nunca misma.
Entonces los ato a una piedra y te los envío a modo de un cuerpo sobreviviente que quizá se encienda como un fuego lejano y a la vez presente, frondoso y bravo, y tierno y fiero.

Arte: Jorge Bernard "Furufuhue"
http://artistabernard.blogspot.com.ar/

jueves, 8 de diciembre de 2016

Hilo


La vida sigue siendo para mí el hilo que va entre el pelito del gato, la página del libro, los piecitos de mis hijas, un pancito, los sonidos amados, una fruta, la muerte.
Seguramente al leer estas líneas volverás a pensar que nunca habré de madurar, y quizá tengas razón.
¿Cómo podría crecer una niña que ha nacido anciana?
¿Cómo podría crecer una niña que lleva sobre su espalda la roca del desamor y que caminará siempre con el pecho abierto por el violento tajo?
Entonces, el misterio del papel de arroz, las esquinas soleadas, los parrales, las flores azules, tus ojos y todas las lluvias del mundo que van a caer.
Y es ahí donde me aterra entender que quizás hayas crecido demasiado.

Arte: Octavio Joaquín Tapia

sábado, 29 de octubre de 2016

Dos - Luna




salgamos a ver la luna como dos niños chicos que se duermen en el rostro silencioso de su padre enfermo.
salgamos a verla como perros rabiosos que creen que es su propio ojo perdido en el cielo el que ahora los castiga por haber mordido al amo.
salgamos a ver el río que hierve tratando de escupir el reflejo intruso hacia la nada.
salgamos a buscar uróboros, calles circulares, caleidoscopios, basaltos,  y a perseguir nuestras sombras pero vos a la mía y yo a la tuya y así volver a empezar por todo el tiempo del mundo una y otra vez, desde la primera hasta la última molécula de torpeza, resurrección y coraje.
salgamos ahora mismo, porque pronto seremos parte de la muerte y la luna se perderá en la sordera quieta de las sombras y de los cristales del sueño, y nos quedaremos ciegos de papá y sordos de mamá, y nuestro lazarillo se llamará Mi Amor y será un cordero suave y blanco que un dios negro y turbulento nos regalará con dulzura para que nunca, nunca se nos sequen las lágrimas.

Arte: Jorge Bernard "Tren Tren Filú vence a Kai Kai Filú"
http://bestiariomundial.blogspot.com.ar/

sábado, 15 de octubre de 2016

Ruido de lluvia (Bestiaquina)


Hay olor a lluvia, ruido de lluvia, nubes de lluvia, pero lluvia no.
Y espero el agua como un pez perdido dentro de una diosa opaca.
Y hace frío, y tengo los pies descalzos como de costumbre y las manos en una gran taza azul llena de una tristeza sólida e inútil  (recuerdo el silbido del pájaro muerto  que vivía en mi estómago y era el encargado de cuidar mi luz de plata  y mi labio).
Y no es que no quiera ver o me empecine en una duda indecente.
Es que menos ya no, las cosas escuetas me parten.
¿Por qué los ojos se cubren de gris, o bien se inflaman?
¿Por qué las voces no arrancan, no descubren, no vuelan?
Y la lluvia no viene...
Y es esa cinta sutil (diría Moebius) que nos tiene en ida y vuelta la que se moja, la que me envuelve, la que guardo en mi mano mientras pienso que falta un mes y que quizás te vea o desarrolle branquias o aletas o me convierta en la madre de todas las lluvias o al fin te deje de doler, o algo así.

Arte: Voren "Bestiaquina" técnica mixta sobre papel
https://www.behance.net/Voren

martes, 13 de septiembre de 2016

La paz




¡trúncale, pisguato!, azafrán viste; que recale el huesito de la P, y que las rubias pasas de la noche verde trisquen estupérlidas, frísquinas, translasanguatas y amportrifricas en el solsticio de la mardrugada.

Foto: Ariel García - 9 de setiembre de 2016
https://www.facebook.com/manianallueve/?fref=ts

sábado, 6 de agosto de 2016

Bestia furiosa























Soy la bestia furiosa que desea escapar del laberinto.
Soy el músculo activo e inocente que intenta extraer el agua de las rocas.
Soy las mil venas que escupirá mi pecho cuando estalle.
Soy esa sopa hirviente que extraña tu nuca cayendo a plomo cuando anda por acá buscando el fondo de las cosas.
Soy eso que escucha lo que se suelta en la noche y se acopla a lo desusado y descomunal que atraviesa la calle y corta el aire y lo refresca.
Si por mí fuera, inundaría la ruta para llegar nadando hasta tu casa.
Si por mí fuera, me subiría al obelisco y me pondría a gritar desaforada y triste por el mundo en rodajas y por las hojas en blanco en donde Ariana jamás volverá a dibujar.

a. El olor a madera de tu ropa de trabajo.
b. Las huídas, la reversibilidad del tiempo, los días, los costados.
c. Las ventanas soplando la sangre de los paraísos.

(Toda una vida de tripas afuera, 
y síganme los buenos).


Arte: María Forcada "Corporeidad" tinta sobre mdf

martes, 14 de junio de 2016

Martín salió


Martín salió al encuentro de caminos zigzagueantes, sin pensar en las palomas irisadas.
Se perdió por unas calles erróneas con la mente distraída en descubrir el nombre encerrado en la geografía de esos pasadizos coloniales  con culebras (siete, las contó por las dudas) incrustadas en las paredes.
Calles, pensó, calles torcidas, zetas, eses, alguna hache. La doble ve que no encontraba aunque iba y volvía de la piedra a la casa, de la casa a la piedra.
Piedras, pensó, pentagonales, cuadradas, eneagonales, disímiles. Once, como los dedos de mis manos, pensó, uno de más, casi un engendro.
En el bolsillo estaba guardada la llave de la puerta roja, la que no se abría por las dudas.
Para algo Dios me dio una mano con seis dedos, pensó, pero despensó, porque recordó que era ateo; entonces  desanduvo una S, una Z, alguna H, contó las culebras y llegó a la casa.
Metió la llave en la cerradura de la puerta roja.
Palomas, pensó, aquí hay palomas.
Palomas muertas, secas, reventadas de un tiro, azulejos rotos, una silla con trapos atados, y una vuelta al olvido ya azul, ya violeta, ya verde, como las tapas de las decenas de libros tirados por el piso.
Un frenesí de huesos, una historia escondida que ya es secreto a voces, una cierta memoria, el relincho rebelde (casi un grito) de los caballos que no querían, no querían.
Palomas, sí, y una llave, y la casa y los nombres.

A Ada Victoria Porta, detenida-desaparecida por la sangrienta dictadura cívico-religiosa-militar de 1976.


martes, 7 de junio de 2016

Estafa





































Los viernes almorzamos, cenamos, caminamos, jugamos al go, al ajedrez, a que no nos gustamos o también a que el otro nos resulta indiferente.
A veces el cielo se encapota y una esfera transparente nos acompaña en el ir y venir de una casa a la otra, y en esos días es peor, porque jugamos a que sí, a que lo sé, a medir la espina dorsal de la distancia.
Posiblemente en otros días vanos y ñañosos el agua se evapora más rápido de lo debido y aparece el cuento del no, te dije que no.
También solemos reírnos como locos de la ironía atroz con la que creemos preservar nuestro pasado y cortamos las frases con un cuchillo cínico de frío, y las volvemos de costado y la tarde es como una cinta de Moebius que cambia constantemente de textura, de color y de sentido.
No, oxímoron no. Más bien una reja negra y un reloj de sol en la plaza a la que nunca vamos juntos.
 Y una alegría tenue y necesaria, sonrisa porque sí, banderas rojas.
(No sé por qué quedo tan rota los viernes; como sin fuego en las manos; y sin silencios.
Como si fueran a romperse solos los mendrugos de pan que me guarda en los bolsillos por si acaso, por si no vuelvo, por si la luz se le escapa)

Arte: Octavio Alberto Joaquín Tapia Retablo. 1987. (Pintura de pequeño formato)